Sección: Dramaturgia. El catalejo. Marino, Fernanda.
Fernanda Marino[3]
Artista independiente.
https://orcid.org/0009-0004-9281-7110
Sinopsis:
La historia de una familia como pocas. Tejida en la fina trama de la memoria. Alguien se va. Alguien se queda. Alguien vuelve. La obra trata de lo que somos, de lo que hacemos y de cómo nos relacionamos con nuestros seres queridos. El amor. El olvido. La distancia. La libertad. Los objetos que permanecen más allá de las personas. La ausencia. La memoria. El perdón. La búsqueda de la verdad…La dramaturgia, propone un juego constante entre el presente y el pasado, donde a través de las distintas escenas podemos acompañar a los personajes y observar cómo sus vivencias y sus recuerdos determinan sus acciones y reacciones.
The Spyglass
Synopsis:
The story of a family like few others. Woven into the delicate fabric of memory. Someone leaves. Someone stays. Someone returns. The play explores who we are, what we do, and how we relate to our loved ones. Love. Oblivion. Distance. Freedom. Objects that remain beyond people. Absence. Memory. Forgiveness. The search for truth… The dramaturgy proposes a constant interplay between the present and the past, where through the various scenes we accompany the characters and observe how their experiences and memories shape their actions and reactions.
El catalejo
La obra se presentó durante dos temporadas en la sala “Las Alicias” de Te.Ne.As, durante el año 2019, con amplia respuesta del público. [4]
He andado días y días invocando fantasmas.
Pero no han acudido: me sospecharon forastero.
Los fantasmas que busco, deben estar dentro de mí.
Hugo Nario. (1997). Los Picapedreros.
Personajes:
Galileo/Nono
Angélica/ Abuela
Gloria/ Beba
Cosme
Ricardo
Florentina
Pipi
1. LA CASA DE LOS ABUELOS
Living de una casa de playa. Angélica y sus dos nietas.
Angélica- (Con una urna en la mano.) Esta casa se va a quedar cerrada. Yo me voy con ustedes. Cuidá a tu abuelo (Le da la urna.)
Florentina- (La sostiene contrariada.) Abu, pero nosotras ya nos vamos.
Angélica- Bueno, bueno. Les preparo unos sanguchitos.
Florentina- Ya nos preparaste. Los tengo en la mochila. (Deja la urna sobre la mesa.) Nono, quedate acá.
Angélica- Bueno, bueno. Entonces, vamos
Florentina- ¿Vas a dejar todo así? Tenés que avisarle a don Cosme. La casa queda sola. ¿Te acordás?
Angélica- Bueno, bueno, entonces esperá, llamalo y avisale que mañana a primera hora se dé una vuelta, que salimos y que le dejo la llave debajo de la maceta, como siempre.
Florentina- Es muy rápido, abu, no hiciste las valijas.
Angélica: Bueno, bueno, no importa, no tengo casi nada de ropa. Ayudame y la hacemos en un periquete.
Florentina - ¿Y Bubi?
Angélica- Bubi es un perro viejo. Se queda, es más del lugar.
Florentina- Los gatos son del lugar.
Angélica- Bueno, bueno, lo cuida Don Cosme. ¿Lo llamaste? Avisale. Ah, agarrá la llave del segundo cajón del bargueño y ponela en la maceta.
Florentina- Pero abu... (Va hacia el bargueño y vuelve con un cuaderno verde.) ¿Qué es?
Angélica- De tu abuelo. Guardalo. ¿Y la llave? (Florentina lo mira con mucha curiosidad, pero no lo abre. Lo envuelve en un pañuelo que hay en el sillón y lo pone en su mochila.)
Florentina- No estaba (Yendo hacia la habitación.) ¿No te parece mejor que te tomes un día o dos para acomodar todo? (entra Pipi.)
Pipi- ¿Dónde están? Lavé todos los caracoles.
Florentina- ¡En la pieza!
Angélica (a Florentina.)-Llevá a tu abuelo (Le da una urna.)
Florentina- Pero, ¿lo vamos a llevar? ¿Por qué no lo dejás acá?
Angélica- Nunca le gustó el encierro. No lo podemos dejar acá.
Florentina- ¿Y en la playa? Podemos venir otro día.
Angélica- No lo quiero dejar solo.
Florentina- Traelo vos, mejor. Yo voy con Pipi.
Angélica- Bueno, bueno, ponelo en la cómoda. (Da vueltas sin sentido. Cambia cosas de lugar. Revuelve en un cajón.) No sé qué hice las llaves.
Florentina- ¿Las llaves del escritorio? Las dejaste arriba de la heladera.
Angélica- Ah (Va hacia la heladera, tantea con la mano y tira una estatuita y un platito de cerámica.) Qué desastre. Y la llave no está.
Florentina- Abu, dejá, vení. Yo lo llevo. Es tarde.
Angélica- Listo entonces. Podemos ir yendo.
Florentina- ¡No le avisé a don Cosme! (Pipi desparrama los caracoles en el suelo y trata de clasificarlos.) No, Pipi, guardalos, no hay tiempo. (Angélica los ve y se acomoda como puede junto a su nieta y la ayuda a clasificar.) Nos vamos solas.
Angélica- No, no, vamos, vamos.
Florentina- Abu, vos no tenés pasaje y no hiciste el bolso ni cerraste la casa. Mejor quedate y venís en dos días. Yo me voy con Pipi. (A Pipi.) ¡Ya guardá eso! Nos vamos. (Pipi obedece. Se acerca a Angélica y le da un caracol. Angélica la abraza. Después abraza a Florentina.)
Angélica- Avisale a Don Cosme.
2. TERMINAL
Florentina y Pipi entran al baño de la terminal. Florentina lleva una urna y una mochila demasiado grande. Pipi arrastra un bolso escocés raído. El Nono, en su fase espiritual, las acompaña.
Florentina- La puerta del baño está trabada. Espero no quedarme encerrada. La verdad es que está bastante limpio para ser un baño de terminal.
Pipi- Te cuido la puerta.
Florentina- Te dejo la mochila. (Se la saca con mucho esfuerzo.) Teneme esto. (Le da la urna.) Ojo que la mesada está mojada. No la apoyes en ningún lado.
Pipi - (Espera que su hermana entre al baño y la deja con mucho cuidado sobre el bolso.) ¿Guardaste el catalejo del nono?
Florentina- Sí. Porque me lo había prometido a mí. ¡Te dije que no me revises!
Pipi- ¡No te estoy revisando! (Pausa. Piensa.) A mí me dijo: " No le digas nada a Flor, es tuyo”.
Florentina sale del baño.
Florentina- ¿Vas a entrar? ¿Dónde dejaste la urna? (La ve.) Ah, dale. (Pipi entra al baño.) A mí me dijo “Cuando yo muera este catalejo va a ser para vos”.
Pipi- No te creo nada. Mentís.
Florentina- La que miente sos vos. Además, no estabas.
Pipi- (Sale del baño.) Pero llegué después.
Florentina- Fue así:
Nono- Mi querida Florentina. Cuando yo muera este catalejo va a ser para vos.
Florentina- No me gusta que hables de eso, nono.
Nono- Mirá, yo lo dejo acá en la repisa. Al lado de la botella con el barco.
Florentina- (Observa el objeto. Se sube a un banquito y lo oculta más atrás.) ¿Vamos a la playa a juntar caracoles?
Nono- Dale. Traé a Bubi. Estaba en el patio. Avisale a la abuela que nos vamos.
Florentina- Estaba pensando, ese catalejo lo van a querer todos
Nono- Ah, pero yo se lo dejo a mi nieta preferida. ¿Vamos?
Florentina- ¿Y se lo dirías a mi mamá?
Nono- Pero si ya lo sabe.
Florentina- A mí no me dijo nada.
Nono- Todos en esta familia saben que vos sos mi nieta preferida. (Sale.)
Florentina- Pero yo te estoy hablando del catalejo.
Pipi- (Interrumpiendo.) No fue eso lo que pasó. Fue así:
Nono- Y para mi nieta más chiquita, la hermosura de su abuelo, este catalejo.
Pipi- ¡Gracias Noni!
Nono- No le digas nada a Flor, es tuyo, ella lo quiere hace mucho, pero a ella le dejo la cajita de Música.
Florentina- ¡Nada que ver!
Pipi- (La detiene con un gesto de la mano.) ¿Y lo guardo?
Nono - Después, ahora dejalo acá. Si querés podemos ver el álbum de estampillas.
Pipi- ¡Lo traigo!
Florentina - Cualquiera. Estás inventando. Las cosas pasaron como yo digo. (Al Nono.) ¿O no que fue así? (el Nono no le contesta.)
Pipi - Nono, decile, ¡ella siempre se cree que sabe todo! (El Nono no le contesta. Solo la mira sonriente)
Pipi - A mí me dijo que era para mí.
Florentina -A mí me firmó un papel.
Pipi - ¡Mentira!
Florentina - No grites, te está escuchando. (Le pone la urna en la nariz.) ¿Ves? Te escucha. Te escucha (Le da la urna al Nono.)
Pipi - No te dio ningún papel.
Florentina - Me lo dio a mí y punto. Además, lo tengo yo. (Pipi se agacha para agarrar el catalejo que está en la mochila y Florentina reacciona agachándose también. Se chocan. Al Nono se le cae la urna.) ¡El Nono!
Pipi - ¡Fuiste vos!
Florentina - Ayudame, se volcó un poco (Entre las dos juntan lo que se cayó al piso. Se levanta polvillo. Pipi empieza a respirar con dificultad.) Ay, acá no, ¿trajiste el paf?
Pipi - (Entrecortada y con esfuerzo) En el bolsillo de la mochi.
Florentina- (Deja todo como está y lo agarra. Le hace una aplicación. Pipi mejora un poquito. La corre de ahí y la sienta en la pared opuesta.) Quedate acá. Respirá. Junto todo y nos vamos. Tranquila. Eso. Tranquila. (El Nono se agacha sobre sus cenizas e intenta juntarlas, pero las que no se volaron, se mojaron. Se lamenta. Las nenas al darse cuenta de lo grave de la situación, miran las cenizas en silencio. Quedan por un instante los tres observando el desastre.) ¿Y ahora qué hacemos?
Pipi - (Sigue respirando con dificultad) Noni. ¿Te duele?
Florentina - Vamos mejor. (Ayuda a Pipi a levantarse. Se sacuden la ropa. Agarran las cosas y salen. El Nono va detrás con la urna.)
3. MICRO
Florentina- Cuando lleguemos a casa, mamá va a llorar.
Pipi - ¿Por qué no vino?
Florentina - Ella no cree en las despedidas. Pero cuando le dé la cajita con las cenizas va a llorar. (Pausa.) Lo de los caracoles es nuestro secreto. Nadie tiene que saberlo nunca.
Pipi - ¿Y si la abren?
Florentina - ¿Quién? No creo. Cuando lleguemos los pico bien con un martillo y listo.
(El Nono tose.) Seguro que esto te parece divertido. (El Nono ríe. Ríen los tres.)
Pipi -Voy a dormir. El viaje me da sueño. ¿Me cantás?
Florentina - No.
Pipi - ¿Nono, me cantás?
Florentina - Ufa, dale, (Burlona.) Arrorró mi nena, arrorró mi sol, arrorró pedazo, de mi corazón…
Pipi - No, esa no, otra, la musiquita de la Cajita de música.
Florentina - Pero esa no se canta.
Pipi - Así "tin tintintintin"
Florentina - Bueno, dale, ya dormite, tin, tin tin tin tin tin. (Sonríe. Mira por la ventanilla. Se duermen al son de "El Lago de los Cisnes" versión cajita de música.)
Nono - (Se incorpora y agarra su cuaderno verde con cuidado de no despertar a las nenas. Se sienta al lado de Florentina. Lee): " Hicimos noche en río Colorado. Hay movimiento en las chacras. Vinieron los golondrinas de Tucumán y organizamos una charla. Mañana panfleteamos. Si logramos que se les planten a los patrones vamos a tener que quedarnos. El pibe Palo me regaló una medalla que ganó en España" (a Florentina.) A vos te hubiera gustado esta vida de crotos. Qué pena que justo ahora, que vos ya estás grande... Me hubiese encantado poder salir juntos. Pero tu madre, no nos hubiese perdonado nunca. Creo que todavía está enojada conmigo Nunca lo hablamos, pero yo lo sé. (Le acerca el cuaderno a Florentina hasta rozarle la nariz con intención de despertarla. Ella se despierta bruscamente y al Nono se le cae el cuaderno. Florentina ve el cuaderno en el piso un poco extrañada, pero lo cierra y lo vuelve a guardar. El Nono sigiloso lo vuelve a sacar y sigue leyendo) "A cuarenta y cinco grados oeste, entre el punto extremo sur de Las Pléyades y el punto extremo norte de El Pesebre se observa una pequeña estrella que aún no ha sido nombrada. Según la astronomía de Kepler y la del mismo Galilei, podría tratarse de Júpiter en una de sus fases" (A Florentina.) ¿Te acordás cuando fuimos juntos a pescar al lago? Cuando volvimos vos le dijiste a tu abuela: ¡No pescamos ni una mojarrita! (Ríe.) La pasábamos bien juntos ¿eh? (Le acomoda el pelo que le cae sobre la cara. Ella hace un gesto como espantando un mosquito. Se despierta y ve el cuaderno abierto sobre su falda.)
Florentina – ¿Nono, sos vos?
Mira alrededor. El Nono comprende que no lo ve. Se tantea el cuerpo. La mira. Ella pone un papelito en la hoja y abraza el cuaderno. Se vuelve a quedar dormida. Luego de un momento, el Nono suspira y se recuesta en el asiento.
4. COCINA DE MAMÁ
Beba - Las chicas deben estar por llegar. Cuando les cuente que terminé el rompecabezas se van a enojar. Lo malo es que ya no queda espacio donde ponerlos. Mi habitación está hasta el techo de rompecabezas. Los vamos a tener que enmarcar porque las piezas se empiezan a salir. Si se mezclan es grave, no me gusta el desorden. Y están juntando polvo. “El beso” de Klimt casi se arruina. Hasta el olor de la cocina los afecta. Vamos a tener que encontrar una solución. Mañana cuando vengas te las presento. Ahora es muy pronto. Si llegan y te ven...
Ricardo - ¿No les hablaste de mí?
Beba - Si, pero prefiero que no.
Ricardo - Me voy porque ya llegan y me lo estás pidiendo, pero me gustaría que ya lo blanquees, Beba.
Beba - Dame tiempo Richard, te pedí que no me presiones.
Ricardo - No es presión, por eso me voy. Pero mañana...
Beba - Dale, yo mañana te llamo y organizamos para cualquier día de estos. Lo besa.
Ricardo - Mañana a la mañana arreglo un temita del auto y vengo a saludar. Sale por la puerta de la cocina.
Florentina - (Desde la entrada) Llegamos.
Pipi - Cansadas
Florentina - Y con hambre. ¿Qué hay de comer? (Se escucha el ruido de un auto que sale.) ¿Y ese auto? ¿Estabas con alguien?
Beba - ¡Hola mis princesitas! ¿Viajaron bien? Estaba con mi amiga y justo la llamaron.
Florentina - Ah, no la vi. Regular el viaje. Ya conocés la ruta. Un desastre. Entraba polvo por la ventanilla todo el tiempo. Pipi, andá a lavarte las manos. Mamá, acá está la urna con las cenizas del Nono. Guardalas bien. Hasta que venga la abuela y las enterremos. O las tiremos al río. (Beba abre la urna.)
Pipi - (Interrumpiéndola y en un grito.) ¡Mamá! ¡Terminaste el rompecabezas!
Florentina - ¿El de los planetas? Le saca la urna de las manos y se la lleva al comedor.
Beba - Es que estaba ansiosa.
Florentina - Ufa Beba.
Beba - ¡Pero compré otro! De paisaje, como te gusta a vos. De mil quinientas piezas. ¡Y todavía no lo abrí!
Pipi - ¿Y dónde lo llevaste? Lo quiero ver.
Beba - Arriba de mi cama. Anoche dormí en la tuya para no moverlo.
Pipi sale. El Nono se para delante de su hija y la mira dulcemente. Beba mira hacia donde está él y se cierra el saco, como abrigándose y a la vez tocándose el corazón. Pausa. Gira hacia Florentina para hablarle, pero Pipi la interrumpe.
Pipi - ¡Quedó re lindo! ¿Qué comemos?
Beba - Pollo con papas al horno, pero todavía no lo preparé
Florentina - Me voy a lavar las manos.
Pipi - ¿Qué falta?
Beba - Que me des un abrazo. ¿Me extrañaste?
Pipi - Sí. (La abraza.) Jugué con la abuela, bañé a Bubi. Ya está todo listo.
Beba - ¿Para qué?
Florentina- Ma, la abuela va a venir por unos días.
Beba- ¿Por qué no me llamó?
Florentina- Te llamó, pero le daba continuamente ocupado, dijo. Quería avisarte que llega mañana. Te trae unos duraznos en almíbar y unos tomates. Dijo que eran poquitos días.
Beba- ¿Mañana?
Pipi- Puede quedarse en mi pieza, ¡Yo ordeno y junto las medias! (Hace el gesto de jurar.)
Beba- Acá no hay lugar. ¿Por qué no se queda en el hotel? Puede venir en el día y dormir ahí.
Florentina- Puede dormir con Pipi. O le dejo mi pieza y yo me paso.
Beba- Yo les iba a pedir que duerman las dos en tu pieza hasta que terminemos de armar el rompecabezas nuevo.
Florentina- Los corremos a la piecita del fondo.
Beba- Nunca te gustó esa piecita. Hay mucha humedad.
Florentina- Bueno, la limpio con lavandina. O si no, me mudo yo ahí. A mí la humedad no me hace mal.
Beba- En todo caso que duerma ahí Angélica.
Pipi- ¡Sí! yo te ayudo.
Florentina- Como quieras.
Beba- No sé. Mañana hablamos. La casa está hecha un desastre. Tengo mil cosas para hacer ¡No estaba en mis planes que mi madre viniera ahora! Pipi la mira sorprendida.
Pipi- ¿Entonces puede?
Beba- ¿Cómo que puede?
Pipi- Vivir acá
Florentina- No, no, se queda poquitos días, Pipi, ¿Por qué no le mostrás a mamá el sombrero que te dio la abu?
Pipi- ¡Si! O le puedo mostrar el Catalejo.
Beba- ¿Trajiste el Catalejo de tu abuelo?
Florentina- Si, es mío ¡Me lo dio a mí!
Pipi- Me lo dio a mi ¡A vos te dio la Cajita!
Florentina- ¿Otra vez vas a empezar? Ya te dije que me firmó un papel.
Beba- ¡Basta! (Pausa.) Estábamos hablando de otra cosa, justamente, me estaban diciendo que su querida abuela viene a pasar unos pocos días con nosotras. ¿Entendí bien? Entra Ricardo por la puerta de la cocina.
Ricardo- Perdón, me olvidé la billetera y tengo todo ahí. (A las nenas) ¡Hola! Lo miran inquisidoras. No le contestan.
Beba- Saluden chicas.
Florentina- Hola
Pipi- Hola
Beba- (Nerviosa.) Eh, él es Ricardo, un compañero, digo, un amigo de... lo conocí porque vende rompecabezas y justo me vino a mostrar los nuevos que llegaron, y se olvidó la...
Ricardo- Billetera. ¿Viajaron bien? (Las chicas lo observan.) Ya veo. (Nervioso tantea en los bolsillos y descubre que tiene la billetera en el bolsillo del pantalón.) ¡La billetera! ¡Que tonto, la tenía en el bolsillo! Mejor vuelvo mañana. Que descansen. Chau Beba. Chau chicas. (Besa a Beba en la mejilla. Sale.)
Beba- Me asusté, no pensé que iba a venir así, a esta hora.
Florentina- Entró por la cocina.
Beba- Es más cómodo, aquella puerta está trabada. ¿Qué tantas preguntas? ¡A dormir las dos! ¡Vamos! Mañana tenemos un día largo. Las nenas salen.
Beba va hacia el comedor.
La envuelve una luz tenue.
Agarra la urna y se sienta en una silla mecedora.
La observa, pero no la abre.
Comienza a hamacarse muy lentamente.
El Nono está sentado a su lado en otra silla igual.
Comienza a hamacarse muy lentamente
Beba acaricia la urna.
El Nono mueve levemente la cabeza hacia un lado, como si se la estuvieran acariciando.
Beba abraza la urna.
El Nono mueve levemente su cuerpo, como si lo estuvieran abrazando.
Beba llora.
El Nono llora.
5. REUNIÓN ANARQUISTA
Cosme está leyendo minuciosamente unos diarios. Hace anotaciones en un cuaderno. De repente algo que lee lo alarma. Enciende la radio y cambia de emisoras, como buscando la noticia. Se escuchan cuatro golpes en la puerta, es una contraseña. Entra Galileo.
Galileo- ¿Cosme, estás?
Cosme- Si si, acá. ¿Te enteraste? Detuvieron a Spinardi, Mosca y Luzzardi . Los acusan de haber dinamitado la Piedra Movediza, en Tandil.
Galileo- ¿Recién ahora se acuerdan? Pasaron algunos años.
Cosme- Parece que el intendente mandó a investigar y encontraron huellas de explosivos. El asunto es que los quieren mandar a Montevideo. Tenemos que ir. Nos están esperando.
Galileo- ¿Te avisaron? ¿Y Ernesto?
Cosme- Me avisó él. Recibió el telegrama esta mañana. Salió a buscar los documentos.
Galileo- Vayan ustedes. Yo me quedo.
Cosme- ¿Cómo que no venís? ¿Y Angélica?
Galileo- Angélica puede hacer lo que quiera. Que yo sepa no me pide permiso. Pero la nena es chiquita. No me parece seguro que viaje.
Cosme- ¡Pero Galileo, tienen que venir! Siempre lo hicimos juntos.
Galileo- Pero ahora es riesgoso. Entendelo Cosme.
Cosme- Siempre fue igual. No sé qué te pasa últimamente a vos, andás con ese catalejo para todos lados. Parecés un nene. Esto no es joda, viejo. Tenemos que ir los cuatro, como siempre. O si no, no vamos nada.
Galileo- ¿Te encaprichaste? Van ustedes dos y listo. Voy a la teléfonica, le aviso a Durruti y chau pinela. Allá están los muchachos. Yo me quedo acá. Tengo otras cosas que hacer.
Cosme- ¿Otras cosas? ¡Otras cosas! te puedo acusar de traidor.
Galileo- ¡Al fin, nos sacamos las caretas! Estás esperando que yo me distraiga para cruzarme la pata ¿Traidor yo? ¿Porque te estoy diciendo que me quedo con mi compañera y con mi hija? ¿Vos serías capaz de entregarme? (Pausa tensa.) Serías capaz.
Cosme- ¡Y vos sería capaz de traicionarme! A mí y a la organización. Se le viene encima dispuesto a pelear. Galileo lo enfrenta. Entra Angélica con Beba en brazos.
Angélica: ¡Eh! ¿Qué hacen?
Cosme- (Sorprendido.) Angélica ¿Qué hacés acá?
Angélica- Me cansé de golpear (a Galileo.) Vine a buscarte. No sé qué le pasa a la nena. Tiene temperatura. ¿Se estaban peleando?
Galileo- Cosas nuestras. Parece que tu amigo me quiere acusar de traidor.
Cosme- Parece que tu compañero nos quiere traicionar.
Angélica- ¿Qué dicen? ¿Les parece momento para estar así? Ustedes sí que lo arreglan fácil, ¿eh? Enseguida se van a las manos. Ojalá fuera tan fácil para mí también. (Ellos no se aflojan ni se separan. Continúan mirándose.) Galileo, vamos, acompañame al médico, la nena tiene mucha fiebre.
Galileo- Vamos (A Cosme.) Pensá muy bien lo que vas a hacer.
Cosme- Depende de lo que hagas vos.
Angélica- Vamos Galileo, por favor. Salen. Cosme golpea la mesa y se queda.
6. COCINA DE MAMÁ
Pipi está sentada en la mesa, en piyama, tomando café con leche. Beba está atrás de ella con una bata, preparando unas tostadas.
Pipi- ¿Quién es Ricardo?
Beba- Ya te dije anoche. Un amigo mío
Pipi- Ah. Es lindo.
Beba- ¿Te parece? Si casi ni lo viste (Se sienta al lado de ella con las tostadas)
Pipi- ¿Va a venir hoy?
Beba- No creo. Golpean la puerta de la cocina. Beba se sobresalta.
Ricardo- ¡Soy yo! Traje medialunas. Pipi se levanta a abrir.
Pipi- Pasá. Estamos desayunando
Ricardo- ¡Buen día! (Le da un beso a Pipi y saluda alegremente a Beba que lo fulmina con la mirada. Desvía el beso hacia la frente.) Lo que pasa es que después me voy al negocio y termino tarde, entonces me dije, vengo ahora y les traigo algo rico para desayunar. ¿Hice mal? (Se levanta y pone las medialunas en una fuente.) Mmm, café.
Beba- Dejá, yo te sirvo. Sentate. Me podrías haber llamado.
Ricardo- ¿Anda el teléfono? Ayer no andaba.
Beba- Si (Va hasta el teléfono y escucha.) No tiene tono. Cada vez peor.
Florentina- (Está vestida con ropa vieja. Trae el cuaderno verde en la mano.) ¡Parece que estamos todos! (Se sirve café.) Pipi vestite, no estés así adelante de cualquiera. Dale, así me acompañás a acomodar la piecita de atrás.
Beba- Tu hermana está desayunando.
Pipi- Voy
Beba- (A Pipi.) Ojo que hay mucha humedad vos.
Florentina- Yo la voy a sacar. Ella después me ayuda a correr todo. Está por dejar el cuaderno sobre la mesa, pero se lo esconde entre la ropa.
Ricardo- (A Florentina.) ¿Tenés que correr cosas muy pesadas? Avisame. Te ayudo.
Florentina- Pipi, pasame la manteca. Golpean la puerta.
Beba- ¿Y ahora? ¿Quién es? Se levanta.
Angélica- Hija, abrime, soy yo.
Beba- (Se sienta de golpe.) ¿Ya?
Florentina- (Va a abrir la puerta.) ¡Abuela!
Pipi- ¡Abu! Se abrazan las tres.
Angélica- Ayúdenme con las valijas.
Ricardo- Dejen, dejen, yo cargo. Sale.
Angélica- (A Beba.) Que alegría verte. Adelanté el viaje. Te llamé un montón de veces pero no me pude comunicar.
Beba- Hola mamá. Pasá, pasá. Sentate. Qué sorpresa.
Florentina- ¿Querés café con leche?
Angélica- Antes necesito ir al baño. Permiso.
Beba- (A Florentina.) ¿No dijiste que venía en dos o tres días?
Florentina- Sí, pero qué se yo, lo adelantó, dijo.
Pipi- Ahora ya está acá. Después vemos.
Beba- Me quieren volver loca.
Ricardo- (Entrando con tres valijas grandes y en tono de broma.) Parece que tu mamá se muda.
Beba- ¿Tanta cosa trajo?
Angélica- Bueno, no me decidía. Por si acaso metí algunas cosas de más. Qué carreta ese micro, por lo menos llegué para el desayuno. (A Florentina.) Ay, ahora que me acuerdo, ¿al catalejo lo agarraste vos? No lo pude encontrar.
Florentina- Si, sí. ¿Te acordás que el Nono me lo dio a mí?
Angélica- ¿Sí? No sabía. Me extrañó no verlo, como era un habitante más de la casa, tenía miedo que se perdiera. Como últimamente tengo la cabeza en cualquier parte... después lo quiero ver.
Pipi- Dejala abu, el Nono me lo dio a mí, pero ella se lo agarró. Sentate, te sirvo el café. Se sientan todos menos Beba.
Ricardo- ¿Viajó bien?
Angélica- Si, gracias, ¿nos conocemos?
Ricardo- Disculpe, tiene razón, Ricardo. Un amigo de Gloria. Yo a usted la conozco bastante.
Angélica- Ah, qué sería de la vida sin amigos ¿no? Yo acabo de perder al mejor amigo, novio, amante y compañero que tuve. Se emociona. El Nono se sienta a su lado. Angélica se seca las lágrimas con un pañuelo que saca de la manga.
Ricardo- Sí, sí. Lo siento.
Beba- Mamá. No es momento ahora.
Angélica- Bueno, bueno. Ya pasa.
Ricardo- Justo ayer ordenando el pedido que recibí, encontré un libro que la puede ayudar. Habla de la vida más allá de la muerte.
Florentina- ¿Autoayuda? Mi abuela no necesita eso.
Beba- Florentina, Ricardo está tratando de ayudar.
Angélica- (A Ricardo.) Gracias, yo sé que tiene buena intención, pero yo siento que él está por acá, no necesito leerlo en ningún libro. (El Nono pasa su brazo sobre los hombros de ella. Angélica gira la cabeza, como si lo viera.)
Florentina- ¿Y qué, esta noche también va a venir?
Beba- Estás siendo muy desagradable.
Florentina- ¿Por qué? Anoche cuando llegamos estaba acá.
Ricardo- Dejá Gloria, no discutan por mí. A lo mejor tu hija tiene razón. No nos presentaste.
Beba- Pero si, se los dije ayer. No hace falta decir más.
Pausa.
Beba- ¿No se te hacía tarde para abrir?
Ricardo- Pensaba ir más tarde, pero como vos decís que no hace falta, ya me voy. (A las demás.) Cuando quieran, ya saben. Chau Se va sin saludar a Beba.
Beba se queda inmóvil viendo cómo Ricardo se va.
Se sienta enfrente de su madre, como tomando aliento.
Se queda un instante con la mirada perdida.
Florentina- Pipi, vamos, ayudame. Salen.
Beba- Esta noche te podés quedar en la pieza de Pipi. Después vemos.
Angélica- Bueno, bueno, hija. Lo que sea menos problema para vos.
7. CASA DE ANGÉLICA Y GALILEO
Hay cajas y cosas desordenadas, como si hubieran quedado así desde una mudanza no tan lejana. Angélica está buscando sus agujas de tejer.
Angélica- Estoy segura de que las dejé por acá, lo que pasa es que esta cómoda es tan pesada, pero esta nena creció de golpe y necesita abrigo. Ya no le entra nada.
Cosme- Pero mujer, dejá eso, yo la muevo, ¿para dónde?
Angélica. Qué se yo, para adelante. No sé lo que vamos a encontrar caído ahí abajo. ¿A ver? dale, yo me fijo.
Cosme corre la cómoda. Angélica se agacha y busca.
Angélica- ¡Ahí están! (las saca) Y también está la bolsa con la lana que trajimos de Chos Malal. (Sacude la tierra de una bolsa de arpillera y la abre.) Es lana cruda. Re abrigadita. La voy a tener que lavar bien y después hilarla. (A Cosme.) ¡Qué bueno! Capaz que alcanza para un chaleco.
Cosme- No, ni te preocupes por mí, tejele a la nena, yo me arreglo.
Angélica- Es que sos tan bueno conmigo, de alguna forma te tengo que compensar.
Cosme- No me tenés que compensar nada, Angélica, lo hago porque lo siento.
Angélica- Ah, bueno. (Pausa.) Pero igual yo me voy a sentir más cómoda. No me gusta abusar de nadie.
Cosme- Si es por correr los muebles...
Angélica- No es eso solamente. Vos siempre estás...cerca. Y viste que a mí no me gusta pedir ayuda, pero la verdad, que con esto de ser madre...y sin Galileo...a veces no sé para dónde agarrar. Es como si de repente estuviera viviendo la vida de otra mujer. Me la cambiaron y no me avisaron. Se sienta al lado de Beba dispuesta a seguir hablando.
Cosme- Justamente de eso te quería hablar. No quiero que lo tomes a mal. Ni que me conteste ahora. Pensalo tranquila.
Angélica- Hay Cosme, no me asustes, ¿qué me vas a decir?
Cosme- ¿Soy muy obvio? Ya te diste cuenta.
Angélica- ¿De qué me tendría que dar cuenta? ¿De que sos mi amigo y me querés mucho? ¿De que cuento con vos? Eso no hace falta decirlo. Vos también sabés que contás conmigo.
Cosme- Si, si, ya se´, pero dejame hablar, no me interrumpas que me enredo. (Angélica lo mira curiosa.) desde que se fue Galileo, yo me puse a pensar, que vos, quizás necesitás un hombre, y entonces yo, digo, como justo me voy de la pensión, capaz que...
Angélica- ¿Un hombre yo? Si no te conociera pensaría que sos un machista burgués. Lo que yo necesito es paz. Y tiempo para acomodarme a todo esto. No te ofendas, Cosme, pero todavía espero que vuelva Galileo. Yo lo quiero. Y si no me pongo a hilar fino sobre las razones por las que se fue es porque también te quiero a vos. Pero como a un amigo. Y te juro que pensé que me ibas a contar eso ahora. Que me ibas a decir qué fue lo que pasó entre ustedes. Porque aquel nunca me lo quiso decir. Se fue. Se esfumó. Y nadie me explicó nada a mí. Lo mira interrogándolo.
Cosme- Hice lo que tenía que hacer. Y no me arrepiento. La organización exige determinadas acciones. Se queda callado de repente. Pausa.
Angélica- Entonces fuiste vos nomás. Y todo porque no quiso viajar a Tandil. ¿Sabés que me negaba a creerlo? Lo sospechaba, pero no lo quise creer. Y Galileo nunca pronunció tu nombre. Él nunca me dijo que habías sido vos. ¿Te sorprende? Hay gente que tiene principios. No arma discursos ni escribe proclamas. Los tiene. Y vive así.
Cosme- Angélica, escuchame, dejame que te cuente bien cómo fue.
Angélica- Ahora no. Le tengo que darle de comer a la Beba y tengo muchas cosas que hacer. (Vuelve.) Aunque lo que no me cierra es por qué no me denunciaste a mí también.
Él trata de tocarla. Ella lo rechaza. Silencio.
Cuando salgas, trabá la puerta. Sale.
8. VÍAS
Galileo sentado sobre dos frazadas dobladas, observa el cielo con su catalejo y hace anotaciones en su cuaderno verde. Tiene la barba crecida y su aspecto está descuidado. A su lado hay una pequeña fogata con una pava y un mate. Se va acercando un hombre pero él no lo ve hasta que está a su lado.
Galileo: (Levantándose de golpe y dejando caer el catalejo.) ¡Cosme! ¿Cómo aparecés asi? Casi te ligás un puntazo.
Cosme- Disculpame. No te quise asustar. Fue difícil encontrarte. Hasta que me di cuenta que todos te conocen por "el astrónomo" No sé cuántos kilómetros hice de más para el lado de la Pampa.
Galileo- Como se nota que venís del pueblo. No tenés idea. (Revisa su catalejo y se da cuenta de que se astilló en un extremo con el golpe.) Encima me lo rompiste. ¿Qué querés vos acá?
Cosme- Vine a buscarte.
Galileo- ¿A buscarme? No me hagas reír. Viniste de gusto entonces.
Cosme- No, escuchame, Angélica y la Beba te necesitan. Tenés que volver.
Galileo- ¿Y quién sos vos para decirme lo que tengo que hacer? ¿Aparecés de la nada, después de tres años y te creés con derecho a exigir? Qué descarado
Cosme- Bueno, tenés razón. Por favor, escuchame, Angélica y Gloria te necesitan.
Galileo- El otro día pensaba que ya nada me podía sorprender. Pero la verdad, te pasaste. No sé si reírme o pegarte. O las dos cosas. (Cosme retrocede. Galileo avanza hacia él.) Seguís siendo el mismo cobarde de siempre. ¿Qué pasó? ¿Angélica no se creyó el verso del pobrecito? Si se llega a enterar que viniste a pedirme por ella, te mata. No te va a dar calce nunca, no le llegás ni a los talones vos. Y además nombraste a mi hija. Mejor que ni te le acerques, ¿me oís?
Cosme- Yo me voy si vos volvés.
Galileo-A mí nadie me pone condiciones. Yo soy libre, no sé si lo podés notar. Hago lo que quiero y cuando quiero. Sin joder a nadie. Vos seguí acovachado en la bilioteca, ese es tu lugar, a mi dejame acá, en las vías, con las estrellas.
Pausa
Galileo- Acá estoy haciendo la verdadera revolución. Estudio, hablo con los peones, les explico cuáles son sus derechos, los ayudo a organizarse. ¿Te suena conocido? Y hasta ahora me lo agradecen, y a nadie se le ocurre delatarme.
Cosme- Galileo...
Galileo- Por lo menos te estarás ocupando de los libros.
Cosme- Angélica no quiso saber más nada. Con Giovanni se lo respetamos y los escondimos una noche sin decirle. Fue como que escondiendo los libros, vos nunca hubieras estado ahí.
Silencio tenso.
Pensalo. Ella nunca me pide nada, pero yo veo que está sufriendo. Y es muy duro criar a una hija sola. Es igualita a vos. Corre por todos lados.
Galileo- No le digas que me viste. Está cayendo la noche ¿Te vas a quedar ahí parado?
Cosme- No, paso la noche en la casa del puestero.
Galileo- Bueno, buen viaje. Yo tengo que descansar. Mañana salgo temprano. (Va preparando el lugar para dormir, pone diarios en el piso y arriba una frazada.) Dale, andá que te agarra la noche.
Cosme se queda quieto.
Galileo- ¡Tomatelás, te digo! ¡Juira bicho!
Cosme se aleja lentamente, confundido. Galileo se queda tratando se reparar el catalejo.
9. COCINA DE MAMÁ
Es temprano. Casi está oscuro todavía. Beba se prepara un café. Mientras espera que el agua esté a punto, repasa con la vista las valijas de su mamá.
Angélica- Buen día hija.
Beba- ¡Me asustaste! ¿Tan temprano?
Angélica- Y si, cosas de vieja.
Beba- Ah, yo no pegué un ojo en toda la noche. Así que ya me levanté.
Angélica- ¿Estás haciendo café?
Beba- Bien cargado.
Angélica- Ah, no, yo me lo voy a preparar más livianito.
Beba- Ya te lo hago. Sentate. ¿Vas a querer tostadas?
Florentina- Escuché voces. Las dos mujeres se sobresaltan.
Angélica- Bueno, bueno, ni que fuéramos famila. ¿Y a vos qué te pasó?
Florentina- Nada. Me desperté y las escuché hablar. ¿Es temprano?
Beba- Son las seis. ¿Por qué no te acostás un rato más?
Florentina- No.
Beba- ¿Y qué vas a hacer levantada a esta hora? Acostate
Florentina- Estuve leyendo (Pausa.) Un cuaderno del Nono.
Angélica- Ya dejá a tu abuelo en paz.
Florentina- Él me pidió que lo lea.
Beba- Ay, hija, tenés cada cosa. A ver, ¿de qué cuaderno hablas?
Florentina- No sé, uno cualquiera. Por qué, qué importa cuál.
Angélica- Parece que todavía hay luna ¿eh?
Florentina- No estoy alunada Angélica ¿Por qué nunca me dijeron que el Nono anduvo de croto?
Angélica- Hay cosas que es mejor no recordar.
Beba se quema la mano con el café y deja caer la taza. Angélica se levanta a auxiliarla.
Beba- ¿Será que hoy también esta chica me va a volver loca? (A Florentina.) ¿Podemos tener un día tranquilo? ¿Un día normal, como cualquiera?
Florentina- ¿Cuándo me lo van a decir? ¿Por qué el Nono se fue y las dejó?
Angélica- Dame la manteca, no ves que se quemó la mano.
Florentina le da la manteca de mal modo.
Florentina- ¡Esta también es mi historia! ¡Y la de mi hermana! (Sale.)
Angélica cura a Beba.
Beba- Tiene razón.
Angélica- A veces tiene unas contestaciones.
Beba- Tiene razón mamá. Cómo nos cuesta hablar. A nosotras digo. Nos cuesta.
Angélica- Ya está hija, no hace falta que nos acordemos de cosas tristes. Desayunemos. Mirá, yo preparo todo y las llamamos a las nenas, hago más tostadas. Tengamos un día en paz ¿Por qué no las vas llamando? Pipi debe estar en el séptimo sueño todavía. ¿La despertamos o mejor la dejamos dormir? Uy, a ver si se ofende. La voy a llamar. Va saliendo. Beba le bloquea el paso.
Beba- ¡Yo sí que me quiero acordar! Cuando papá se fue, vos estabas triste, todo el tiempo, y yo siempre quería hacerte reír, estaba Cosme, la playa, no sé, tengo imágenes sueltas, yo era muy chica. Y después cuando empecé la escuela, me preguntaban por mi papá y yo inventaba cosas. Decía que estaba en el trabajo, que viajaba. No sabía que decir mamá. Nunca me explicaron. Vos nunca me dijiste por qué se fue. Yo pensaba que era por mí, que yo había hecho algo malo. Te juro que me esforzaba por entender. Por ordenar las piezas. Pero no podía, porque cuando te preguntaba vos no querías hablar de eso, o me decías que ya lo iba a comprender. Claro, yo era la tonta que no alcanzaba a comprender. Y un día apareció en la plaza. Listo. Magia. Apareció. Y vos nunca le reclamaste nada. No te enojaste con él. No le dijiste la falta que nos hizo. Nada. Como si se hubiera ido diez minutos. Lo perdonaste. Yo le quería pegar, le quería gritar, quería que me explique. No sé qué quería, pero no entendía. Era chica mamá. ¿Por qué me nadie pensó en mí?
Angélica- ¿Y en mi quien pensó? ¿Quién cuidó a Florentina cuando vos estabas demasiado ocupada haciendo tu vida? ¿Nunca se te ocurrió que yo no tenía ganas de criar a mi nieta? No, diste por sentado que era mi obligación. Ni al padre conocimos. ¿Y después? ¿Con Pipi?
Beba- Eso fue distinto mamá.
Angélica- Ya sé. Fue distinto. Ya lo sé. Pero para nosotros fue igual. ¿Te reprochamos algo? ¿Te acosamos con preguntas? No. Al contario. Te ayudamos. Yo y el monstruo de tu padre. Y acá tenés. Dos nenas preciosas. Que si no fuera por ellas no sé a dónde estaría yo ahora, porque vos ni siquiera fuiste capaz de venir cuando lo cremamos. ¿Podés ser tan desamorada? ¿Tan egoísta? ¿Te parece normal que tus hijas viajen solas con las cenizas de su abuelo? ¿Con las cenizas de tu padre?
Beba- Basta mamá. No pude. No pude. ¿No te das cuenta? A papá nunca le importé. Y vos nunca te pusiste en mi lugar. No me cuidaste, me dejaste sola. Fueron muy egoístas ¡Me cagaron la vida!
Angélica- ¿Cómo? ¿Cómo decís? ¡Lavate la boca con jabón antes de hablar así! ¡Cagarte la vida hubiera sido dejarte sola! ¡No enseñarte a luchar! Siempre estuve al lado tuyo. Siempre me esforcé para que no te falte nada. ¿Te creés que fue fácil para mí? Una mujer sola con una nena chiquita. En esa época. ¿Te creés que fue fácil? Me moría de tristeza. De miedo. De rabia. No tenía fuerzas. Pero estabas vos. Tan linda, tan chiquita. Tan inocente. Tuve que atarme un nudo en el corazón para poder seguir, para cuidarte, para protegerte.
Beba- Mentira. No fue así. (Llora. Angélica trata de consolarla.) Te odio, te odio mamá. Los odié tanto a los dos. La abraza. Lloran.
Angélica- Hija, escúchame por favor. Tu padre y yo te amamos. Nunca supimos como acercarnos. Nos equivocamos, ya sé. Pero vos siempre fuiste tan (Busca las palabras para no herirla.) distante, tan independiente. Tendríamos que haberte explicado mejor las cosas. Cómo pensábamos. Cómo éramos. Creíamos en la libertad. En otra clase de amor. No sé hija, si yo me hubiera dado cuenta lo mal que vos te sentías, hubiera actuado de otra manera, pero para mí estaba bien así…no nos dimos cuenta. Tu papá sentía mucha culpa. Él no pudo. No supo…
Beba- Ya está, es tarde, ya estoy grande. Dejá.
Angélica la abraza. Beba se deja abrazar.
Está bien mamá. No tiene sentido seguir hablando. Yo mejor me voy a mojar la cara, a refrescarme un poco. Prepará el desayuno que Pipi ya debe estar despierta.
Sale. Se choca con Florentina.
Beba- ¿Qué hacés acá? ¿Escuchaste lo que hablábamos?
Florentina- Gritaban. No hablaban.
Pausa.
Beba sale. Florentina entra.
Se queda frente a Angélica mirándola.
10. PLAZA
Una plaza de pueblo. Beba, pequeña, se hamaca. Su casa está enfrente. Ella de vez en cuando mira hacia la ventana y saluda alegremente.
Beba- (Canturreando) Uni doli treli cuatoli, quile quileti número siete, estaba la reina en su gabinete...
Ve venir un hombre con una barba larga, que lleva un atado colgado a la espalda. Se paraliza. Galileo se detiene sin dejar de mirarla. De repente se quita el atado y lo apoya en el suelo. Se agacha a buscar algo. La nena se asusta mucho con este gesto y se baja de la hamaca.
Galileo- (Le extiende una muñeca de trapo.) Hola. Vos debés ser Gloria.
Beba- ¡Mamá, mamá! El viejo de la bolsa. (Sale corriendo y se encuentra con Angélica que viene cruzando apurada.)
Beba- Vamos a casa, el viejo de la bolsa sabe mi nombre.
Angélica- (La abraza sin dejar de mirar a Galileo.) Shh, tranquila. (A Galileo.) ¿Sos vos? ¿De verdad sos vos?
Galileo-Creo que sí.
Angélica- (Mira el atado que quedó abierto.) Asustaste a la nena.
Galileo- Pensé en arreglarme un poco, recortarme la barba, pero el tren salió y si me quedaba, perdía un día más.
Angélica- Claro, estabas apurado por volver.
Galileo- Hace tiempo que quería volver.
Beba- ¿Quién es?
Angélica- Quedate tranquila. Es bueno. Beba se baja y observa a Galileo con curiosidad.
Galileo- (a Beba.) Qué grande que estás. (Le da la muñeca.) La hice yo mismo.
Beba señala un objeto del atado que le llama más la atención.
Galileo- ¿Esto? Sirve para ver las estrellas. Te lo puedo prestar si querés.
Beba menea la cabeza con timidez. Mira a su mamá interrogándola.
Angélica- Está bien. Pero tené cuidado. (Beba lo agarra y trata de ver algo.)
Bueno, ya estás acá. ¿Venís por pocos días?
Galileo- Vengo a quedarme.
Angélica- Ah, mirá vos.
Pausa.
Beba- ¡No puedo!
Galileo- Claro, que bobo, no te enseñé, le tenés que sacar la tapita (le muestra) Y girar un poquito así acá ¿ves? Mirá, acá podemos ver una estrella.
Beba- (Mira asombrada.) ¡Pero si es de día!
Galileo- Ah, pero algunas estrellas se ven de día.
Beba- ¡Mirá mami, una estrella!
Angélica- Hija, devolvele el catalejo al señor.
Galileo- No, está bien, no hay problema.
Angélica- No.
Beba- ¿Por qué mami? Angélica la mira advirtiéndole. Beba le da el catalejo a Galileo con desgano.
Galileo- No te preocupes, mañana podemos jugar otro rato (A Angélica.) Voy a buscar donde pasar la noche y bañarme, así no asusto a nadie más.
Angélica- Acá cerca hay un hotel chiquito.
Galileo- La verdad es que no tengo nada limpio para cambiarme.
Angélica- En casa hay ropa tuya. A lo sumo te quedará un poco grande. Bueno, no sé, el hotel es acá tres cuadras. Esperame que te traigo algo de ropa. O andá y te la llevo en un rato.
Galileo- ¿Te acompaño?
Angélica- No, no, esperame acá. Le da la mano a Beba. Salen.
Beba- ¡La muñeca! Beba vuelve corriendo. Galileo le da su muñeca. Beba le sonríe.
11. CASA DE MAMÁ
Pipi y Florentina en su habitación. Están tratando de hacer más espacio. Tirando papeles y ordenando ropa.
Pipi- ¿Vos pusiste los caracoles, Flor?
Florentina- ¡Uh, no! ¡Tenés razón, me olvidé!
Pipi- Acá están los caracoles.
Florentina- Hay que hacerlo ya. En cualquier momento mamá o la abuela lo van a abrir ¿Te acordás donde quedó el martillo?
Pipi- Le pregunto a Beba.
Florentina- No, ni se te ocurra, va a preguntar para qué lo querés y eso. Dejá, yo lo busco. Vos quedate acá y disimulá.
Pipi- Pero la urna está en el comedor. ¡Vamos las dos! Yo te hago de campana.
Florentina- Si, pero si vamos las dos es peor. Vos seguí ordenando y yo voy y lo hago rapidito.
Angélica- (Entrando.) ¿Qué hacen mis nenas?
Florentina- ¡Ay! Me asustaste. Eh, estamos ordenando, a ver si podemos traer la otra cama para acá.
Angélica- Ah, qué lindas. Ya que están ordenando, ¿No querés que yo guarde el catalejo del Noni asi no se arruina entre todo este lío?
Pipi. - Claro, Flor, es buena idea.
Florentina- No, no, si está bien guardado, abu.
Angélica- ¿Y dónde está? Estoy segura que hay un lente que todavía no descubriste.
Pipi- Está en el comedor, al lado de la urna. (Florentina le hace señas para que se calle)
Florentina- ¿Y cuál? Si tiene dos.
Angélica- Tiene tres. Lo que pasa que uno está escondido. Vamos que te muestro.
Florentina- No, no quedate acá. Ya lo traigo. Le hace señas a Pipi para que la entretenga.
Angélica- Como quieras (A Pipi.) ¿Qué le pasa a tu hermana?
Pipi- Nada. ¿Por?
Angélica- Mmm. El que nada no se ahoga.
Beba-¿No iban a arreglar la piecita del fondo?
Pipi- Sí, sí, Flor va a tratar de sacar la humedad. Pero primero queremos hacer espacio acá, para que la abuela pueda dormir.
Beba- Florentina siempre sabe todo, ¿eh? ¿Dónde está ahora? Necesito hablar con ella.
Angélica- Fue a traerme el catalejo de Galileo.
Beba- Yo creía que era parte de mi herencia.
Angélica- No, hija, quedate con lo que quieras de tu padre, pero al catalejo prefiero guardarlo yo. No quiero que se arruine.
Beba- ¿Y dónde lo vas a guardar? ¿En tu casa?
Angélica- Bueno, bueno, puedo ponerlo por acá, con mis cosas y después lo llevo a mi casa. Una vez que me sienta mejor.
Beba- Yo creo que hay algo que ustedes no me están diciendo. Y me parece que lo tengo que saber.
Pipi- (Asustada) No fue a propósito. Fue un accidente.
Beba- ¿Un accidente? Lo planearon con tu hermana. ¿Ustedes se piensan que yo soy tonta? No te sientas mal, mamá, pero tus nietas me dijeron que te ibas a quedar unos pocos días.
Pipi- Ah, era eso.
Beba- ¿Y qué si no?
Entra Florentina con el martillo sucio en una mano y el catalejo en la otra. Se sorprende al ver a Beba ahí.
Beba- ¿Con el martillo ibas a sacar la humedad?
Florentina- Sí. Hay mucha.
Beba- Ni se te ocurra. Un trapo con lavandina y listo. Dame que yo guardo el catalejo.
Florentina- (A Beba.) Lo traje para que la Angélica me enseñe. El Nono me lo dio a mí. Tengo un papel firmado.
Pipi- ¿Otra vez con eso? Qué ridiculez. El catalejo me lo dio a mí.
Beba- Yo también te puedo enseñar.
Florentina- ¿Y vos cómo sabés?
Beba- Porque Galileo era mi papá antes de ser tu abuelo. Y él me enseñó a usarlo cuando yo era chica.
Pipi. - ¡Es mío! Trata de sacárselo a Florentina de las manos pero ella la va esquivando y sin querer deja caer el martillo.
Angélica- Chicas, no se peleen. Dámelo Florentina Se lo intenta quitar.
Florentina- Salí Angélica. Yo tengo más fuerza que vos. No te quiero lastimar. Pipi aprovecha la situación y le quita el catalejo a Florentina.
Beba- Pipi. Me das eso acá. Obedecé a tu madre.
Pipi duda.
Beba- Pipi. Dame eso. Es una orden. (Pipi se lo da.) Listo. Acá se queda.
Florentina- (Abalanzándose furiosa contra su madre.) Es mío, es mío. (Forcejean. Se les cae. Lo agarra Angélica.) Yo sé por qué lo querés tener. Es porque el Nono cuando se fue lo tenía. Las abandonó a las dos y se fue con el catalejo. Ya leí todo ¡Seis años de aventuras!
Pipi- ¿Es verdad?
Angélica- (Con repentina energía.) Sí. ¡Es verdad! Pero no fue una aventura como decís. Galileo anduvo seis años de croto por las vías porque quería hacer la revolución ¡Y se olvidó que tenía mujer! ¡Y se olvidó que tenía una hija! (Pausa.) ¿Conformes ahora? Se acabó. Lo guardo yo. O si no lo parto en cuatro. (Agarra el martillo.) ¡Con este martillo!
Beba se desarma. Las nenas se tranquilizan.
Pipi- Pero abu.
Angélica- Pero abu, nada. (A Beba.) Hija, te vas a tener que ir haciendo a la idea de convivir con tu madre una temporada (A sus nietas.) Y ustedes dos, ¡a ordenar! Y por unos días no las quiero escuchar preguntando ¡Y San Se Acabó!
Sale con el catalejo como bastión. Las demás obedecen.
12. CASA DE ANGÉLICA Y GALILEO
Es entrada la noche. Galileo está con su catalejo observando el cielo por la ventana y haciendo anotaciones en su cuaderno verde.
Angélica se levanta entre dormida.
Angélica- Ah, ahí estás, pensé que te habías ido otra vez. ¿No tenés frío con la ventana abierta?
Galileo- Esta noche Saturno se alinea con Júpiter.
Angélica- Ah ¿Preparo café?
Galileo- (Anota en el cuaderno.) ¿Unos mates, mejor?
Angélica- Antes te gustaba el café.
Galileo- ¿Querés ver? Está justo en foco. Beba llama desde la habitación.
Angélica- Se despertó. Hace varias noches que duerme mal. Me hace preguntas. Creo que ya deberíamos contarle la verdad.
Galileo- No sé si lo va a entender. Es chica.
Angélica- Era más chica cuando te fuiste.
Aparece Beba lloriqueando.
Angélica- Estás descalza. Le voy a calentar un poco de leche.
Galileo le sonríe y le ofrece ver por el catalejo. Beba intenta bajarse con repentino entusiasmo.
Angélica- Estás con todo el frío ahí. ¿Querés que le dé una pulmonía?
Galileo- No le va a pasar nada.
Angélica- ¿Por qué no le vas a buscar una manta y le ponés las medias?
Galileo- (Suspira.) Está bien. (A Beba.) Venga con su papá
Beba lo abraza. Salen. Angélica va hacia el cuaderno y lo curiosea. Escucha que vienen y vuelve rápido a lo que estaba haciendo.
Galileo- (Juguetón.) ¿Así está bien? Angélica ríe porque Beba está toda tapada con una frazada y un gorro.
Beba- Soy un bicho canasto. Ríen los tres.
Galileo- Vengan que les muestro. Acerca a Beba al catalejo. Con este ojo tenés que mirar. Y a este te lo tenés que tapar. Angélica los observa.
Beba- No puedo. No veo, papá.
Angélica- Acá está tu leche. (Apoya la taza en la mesa y ceba un mate.) Tomá. Ella ya lo sabe. Pero igual hay que explicarle.
Galileo- ¿Ahora?
Angélica- Hija, te queremos decir algo con tu papá.
Beba- Mirá, mirá mami, ¡un planeta!
Angélica- ¿A ver? Sí, lo descubriste (A Galileo.) Creo que es la luz de la calle.
Galileo- Gloria, hija, yo soy tu papá.
Beba- Más vale ¿Y te vas a ir?
Galileo- No, no. Me quedo a vivir acá para siempre.
Angélica- (Emocionada.) No te tomaste el mate.
Beba- (Tocando el catalejo) ¿Qué es esto de acá?
Galileo- (Sorprendido.) Un lente, pero ese no se toca. (Beba se detiene asustada.) Bueno, cuando seas grande te lo voy a prestar. Lo que pasa que es muy delicado. (A Angélica.) ¿Cómo lo descubrió? ¡Qué inteligente!
Beba- (Ya no lo escucha, está mirando por el catalejo.) ¡Miren, miren, una estrella! Los tres observan.
13. LIBRERÍA “LA COVACHA” NUEVOS Y USADOS
Angélica y Florentina husmean las estanterías de la librería.
Angélica- Qué linda que está, hay un montón de libros. Me parece que antes esto era una farmacia. Me acuerdo por la puerta antigua con la campanita.
Florentina- Voy a chusmear los libros usados. Los rompecabezas deben estar en aquella estantería del fondo. Sale. Angélica va hacia los rompecabezas.
Ricardo- Apareciendo amablemente. Buenos días, qué alegría tenerlas por acá.
¿Las puedo ayudar en algo?
Angélica- Hola Ricardo. Sí, cómo no, estoy buscando uno de esos rompecabezas que le gustan a mi hija, como hace un mes que estoy en su casa, me gustaría llevarle algo lindo.
Florentina- Mirá abu, este es de los anarquistas.
Angélica- Si te descuidás puede aparecer el nombre de tu abuelo. Tené cuidado.
Florentina- Hola Ricardo.
Angélica- Le estaba diciendo del rompecabezas.
Florentina- Ah, sí, el último fue el de Klimt, creo
Ricardo- Si, sí. Yo mismo se lo hice traer. A ver, acá hay uno de Dalí, no sé si les parece. Capaz que es muy actual (Les muestra una caja.)
Florentina- ¡El de los relojes!
Ricardo- ¿Lo conocés? Se llama “La persistencia de la memoria”
Florentina- Si, si, lo estudiamos en Arte. Hay un reloj rígido y dos medios derretidos que marcar horas diferentes.
Ricardo- Son tres. ¿ves? Como si el tiempo cronológico fuera diferente del tiempo psicológico. (Florentina lo mira sin entender.) A ver, vos capaz que no me entendés porque sos muy joven todavía. ¿Viste cuando te acordás de algo que pasó hace mucho? Y, como fue algo importante lo recordás muchas veces. Y con el tiempo, ya no sabés si fue así verdaderamente o es algo que vos le agregaste.
Florentina- ¿Cómo? No entiendo. ¿Es como que mi memoria fantasea?
Ricardo- Algo así. Yo he llegado a creer que uno se va acomodando las cosas en la cabeza según lo que cree que pasó.
Florentina- ¿Entonces nunca vamos a saber cómo fueron las cosas en realidad?
Ricardo- Es que las cosas son de acuerdo a cómo se miren. Y cada uno de nosotros ve o siente algo distinto ante cada situación.
Florentina- Uh, qué difícil. Estaría bueno si pudiéramos verlo. ¿No? Como en una película. Si la gente que está en nuestros recuerdos pudiera venir y volver a vivir lo que pasó.
Ricardo- Y, sí, pero es imposible ¿o no? Aunque a veces pareciera que todos habitamos el mismo tiempo, sólo que no lo vemos...
Angélica- Bueno bueno, chicos, no sigan porque me está dando escalofríos. Flor, si te gusta lo llevamos. Y si te parece lo invitamos a Ricardo a armarlo también, digo, como se están entendiendo
Florentina- (Sorprendida.) Sí, sí, claro.
Ricardo- Pero miren tranquilas, hay bastante. Se aleja.
Florentina- Abu, dijimos que solamente veníamos a comprar.
Angélica- Bueno, es que me siento culpable. Ellos tenían una relación, y ahora que estamos todas metidas en el medio…
Florentina- Pero invitarlo así, de improviso. Capaz que mamá no quiere.
Angélica- Con lo orgullosa que es tu madre va a decir que no seguro. Yo me hago cargo. Y también vos estuviste difícil la última vez que lo viste, podrías aprovechar para ser un poco más amable.
Florentina- ¡Angélica, no me digas cómo tengo que ser!
Angélica- No te digo, no te digo. Pero parce una buena persona.
Florentina- ¡Ufa!
Ricardo- ¿Vieron la parte de literatura latinoamericana? Eso te va a interesar a vos, Florentina.
Florentina- (Avergonzada) Si, si. Gracias. Se aleja un poco para verlos.
Angélica- ¿Bueno, me vas envolviendo el rompecabezas? (A Florentina, levantando un poco la voz.) Llevamos este, ¿no?
Florentina- Si, como quieras
Angélica- Mi nieta es muy inteligente. Es un poco huraña, pero al principio nomás.
Ricardo- Mmm yo diría que sale a su mamá, ¿no?
Angélica- La verdad, no sabría decirte a cuál de todos.
Florentina- Abu, encontré este usado. ¿Lo podemos llevar?
Angélica- Sí, querida ¿Y de qué se trata?
Ricardo- Ese es una reliquia. "E pur si muove" astronomía de Galilei. Editado en 1897. El otro día casi lo saco de la venta.
Angélica- ¿No querés elegir otro, mejor?
Florentina- ¡No! Me encanta este.
Angélica-mejor llevamos otro. (A Ricardo.) ¿Cuál era ese otro que dijiste?
Ricardo- ¿Cuál?
Florentina- Me lo llevo igual, lo pago yo con mis ahorros.
Angélica- Uf...Como quieras. Es parecido a uno que tenía tu abuelo. (Lo observa un instante.) Fijate si encontrás algo para tu hermana así no se pone celosa.
Florentina- ¡Buenísimo! Para Pipi encontré este de Verne. Creo que no lo leyó.
Angélica- Ah, ya lo habías visto. ¿Cuánto es?
Ricardo- Ochocientos cincuenta el rompecabezas. Los libros van de regalo. Sobre todo el antiguo. Sé que lo vas a cuidar mucho.
Florentina- ¿De verdad? ¡Gracias! Entonces ya sabés, cuando quieras, pasá por casa.
Ricardo- Muy gentil de tu parte, pero prefiero que no. Ustedes pueden venir cuando quieran. Y decile a Pipi también. Pueden traer sus libros usados y llevarse otros por una mínima diferencia.
Angélica- Uy, no le digas así que mañana se te aparecen con una carretilla llena de libros y no se van más.
Florentina- ¡Angélica!
Angélica- Insisto Ricardo, ¿por qué no venís a cenar con nosotras mañana? Puedo cocinar pastel de papas, mi especialidad.
Ricardo-Ya hablaremos Gloria y yo, quédese tranquila.
Angélica- Bueno, bueno, como quiera. Es una pena (Pausa) Vamos Flor.
Florentina- Chau, nos vemos.
Ricardo- Chau, hasta pronto.
Salen.
14. BIBLIOTECA ANARQUISTA Galileo- Los tengo que hacer desaparecer. Se está poniendo peligroso y me avisó Giovanni que en cualquier momento cae la cana. (llama) ¡Angélica, ayudame! Angélica- ¿Y dónde los vamos a meter? (le muestra el libro) te estaba por pedir que me cuentes de qué se trata. Galileo-Tengo algunos lugares, pero nada definido. Tenelo. Después lo vemos juntos. Tiene anotaciones y dibujos de Galileo Galilei. Es donde plantea que todos los planetas giran alrededor del sol. Después de ese lo metieron preso. Angélica- Qué interesante Entra Cosme. Cosme- Traje el baúl. Hagamos rápido. (los tres comienzan a sacar los libros de la biblioteca y los van acomodando en el baúl. Galileo- Los más grandes abajo. En la misma posición que tenían, así no se estropean. Cosme- (Mira hacia la puerta.) Los vamos a tener que esconder bien. Galileo- Después hablamos de eso. Es mejor que Angélica no sepa nada. Angélica- ¿Otra vez los dos contra mí? Galileo y Cosme se miran. Galileo- No es eso. Cosme- Es una manera de cuidarte. Mejor que no lo sepas. Angélica- Ustedes me cuidan cuando les conviene. Igual lo voy a saber. Pero los dejo tranquilos. Beba está por volver de la escuela. Me llevo este. (Entra Beba) Beba- ¡Hola ma! ¿Por qué sacan los libros de lugar? Angélica- Vamos que te preparo la leche. Beba- Esperá, ¿se los llevan? ¿Y el mío dónde está? Galileo- ¿Cuál es el tuyo, hija? Beba- El que vos me dijiste de los planetas. Galileo- ¡Ah, ese! Es el que tiene tu mamá en la mano. Angélica- (Se lo da.) Es tuyo. Vamos Salen. Cosme- Galileo apurate. Giovanni está esperando. Galileo (Termina de guardar todos los libros.) Vamos Cosme- No, voy yo. Te aviso. Galileo- Vamos, te digo. Cosme- (Lo enfrenta) Quedate con ellas. Voy yo. Sale. 16. CASA DE ANGÉLICA Y GALILEO Galileo está haciendo anotaciones en su cuaderno verde. Beba se sienta a su lado y dibuja unas hojas Beba- Este dibujo es para vos. Galileo- (Sin dejar de escribir.) Bueno, dejalo ahí que ahora lo veo. ¡Y tu mamá? Beba- Ya viene. Sos vos con tu catalejo. Y te escribí una poesía. ¿Te la leo? Galileo- Si, si, esperame un segundito que termino con esto. Beba- ¡Dale, papi, te leo! Voz en off de Angélica desde el presente- -¡Mirá Beba! Beba vuelve al presente. Galileo deja lo que está haciendo y mira el dibujo. Sale. |
15. COCINA DE MAMÁ Entran Angélica con Pipi. Angélica- ¡Hija! ¿Dónde estás? ¡Florentina! (Nadie responde.) Se fueron. Pipi- ¿Dónde habrán ido? Sale a buscar. Angélica deja unos paquetes sobre la mesa y comienza a preparar unos mates. Angélica-Pipi, pasame las cascaritas de naranja. Ah, acá están, qué justo. Golpean la puerta. Angélica- ¿Quién es? Cosme- Cosme Angélica- ¿Cosme? (Abre.) ¿Y qué hacés acá? Cosme- Traje el baúl de los libros. Angélica- ¿El baúl de los libros? Entran Beba, Florentina y Pipi. Beba- ¿Quién es, mamá? Angélica- Cosme Beba- ¿Cosme? Florentina y Pipi- ¡Don Cosme! Van a saludarlo. Angélica- Trajo el baúl de los libros. Beba- ¿Qué libros? Angélica- Los que escondieron con tu papá. Cosme- ¿Puedo pasar? Beba- Si, si, pasá don Cosme. Cosme- ¡Hola Gloria! ¡Qué linda que estás! Beba- ¡Uy, ¡cuánto hacía que no te veía! ¡Hola! Lo abraza. Cosme- Traje algo para ustedes. ¿Lo puedo entrar? Beba- No, no. No los quiero acá. Florentina- Mamá... Angélica- Nunca descubrí donde estaban. Cosme- Secreto anarquista. Beba- Vayan a verlos ustedes afuera. Llévenselos a Ricardo para que los venda. Florentina- ¡Mamá! Cosme entra con el baúl. Angélica- ¡Mirá, es el baúl! Pipi- ¡Mirá mamá! Florentina lo abre. Beba se resiste a mirar, pero luego va cediendo hasta que queda frente a al baúl. Lo primero que ve es un dibujo. Gloria- ¿Y esto? Este dibujo lo hice yo. No pensé que lo hubiera guardado. Beba, como en trance, mira hacia el pasado y ve la escena. Angélica- Mirá hija, estos tres de acá son los que tu padre llevó por las vías. Beba- ¿Estos? Florentina- ¿A ver? (Se arrodilla con ellas.) ¿Los puedo ver? (Gloria se los da.) Pipi- ¿Cuánto tiempo estuvo el Nono en las vías? Florentina- Ay, nena, si te dije que seis años y pico. Angélica- Una eternidad. Cosme- (Interrumpiendo.) Se fue por mi culpa. Florentina- ¿Por tu culpa? Angélica- Ya pasó eso Cosme. Él te perdonó. Y yo también. Cosme- Pero yo no me lo pude perdonar nunca. Él siempre fue mejor que yo. Beba- No digas eso, don Cosme. Mi papá se hubiera ido igual Cosme- ¿Qué decís? Beba- Eso. Ya entendí. Estaba en su sangre. Se hubiera ido igual. Bueno, ahora escuchen bien, ¿estamos todos? Tengo que decirles algo muy importante. (Solemne.) he decidido que viajemos en familia a la casa de la playa y esparzamos las cenizas de papá en el acantilado. Florentina y Pipi- ¡Caracoles! |
17. LA CASA DE LOS ABUELOS
Atardecer. Beba, Florentina, Pipi y Ricardo están alrededor de una mesa armando un gran rompecabezas que reproduce el cuadro "La persistencia de la memoria" de Dalí. Cosme los observa sentado en la silla mecedora.
Ricardo- ¡A la que ponga la última pieza le doy un premio! Pipi y Florentina se apuran divertidas.
Beba- Yo casi no veo. Pero si ya está oscuro. ¡Mami! Prendé la luz.
Angélica- Parece que ni nos dimos cuenta
Cosme- Dejá, voy yo Enciende las luces.
Florentina- ¡Al fin! ¡Ahora sí!
Pipi- ¡Falta esta pieza!
Beba- ¡Y esta! ¡Gané! ¡Los relojes están en hora!
Todos festejan.
Cosme- Ricardo, esto amerita un buen cigarro. ¿Me acompañás?
Ricardo- Por supuesto. Salen.
Florentina- Bueno. Yo quería decirles que decidí hacer un viaje.
Beba- (Sobresaltada.) ¿Adónde?
Angélica- ¿Sola?
Florentina- Si, la única que lo sabía es Pipi. Quiero viajar.
Beba- Hija, ¿lo pensaste bien?
Florentina- Si mamá. Y necesito tu autorización.
Beba- Pero... ¿y si te pasa algo?
Florentina- No me va a pasar nada. Tengo el mapa y el cuaderno. Y tengo algo de plata también.
Beba- No, no, me parece una locura.
Florentina- Te prometo que te voy a llamar de cada lugar que esté.
Beba- Pero, hija...
Florentina- Confiá en mí. Me sé cuidar sola.
Angélica- Tu madre tiene razón. Sos muy chica.
Pipi- Hace un montón que está planeando este viaje.
Florentina- Cuando nos mandaste en el micro a Pipi y a mí, no te importó que fuéramos chicas.
Angélica- Bueno, bueno. Eso fue inevitable.
Florentina- Podría haber venido mamá. Estuve todo el viaje cuidando a Pipi. Y a vos también Angélica.
Beba- Está bien, está bien. No sigas. Explicame cómo vas a hacer si se te acaba la plata en medio del viaje. O si algún tipo se hace el vivo. ¿Y si te perdés? No sé nena, pasan tantas cosas ¿Y si te agarra la noche a mitad de camino?
Florentina- Siempre voy a avisar adonde estoy. Te voy a llamar de cada lugar. Voy a pasar la noche siempre en algún hospedaje. Voy a viajar en micro o en tren. Yo sé lo que tengo que hacer, mamá. Quedate tranquila, ma.
Beba- ¿Y de dónde sacaste esa idea?
Florentina no responde.
Pausa.
Pipi- Le podríamos dar el catalejo. Para que no se pierda. ¿No?
Angélica- Bueno, bueno, todavía no dijimos que sí al viaje y vos ya estás pidiendo otra cosa.
Pipi- Es que me parece que con el catalejo no le puede pasar nada malo.
Angélica- De ninguna manera. El Catalejo se queda acá.
Pipi- ¿No era el "amuleto de los viajeros"?
Angélica- ¿Vos también anduviste leyendo ese cuaderno?
Pipi- Lo dijo el Nono.
Angélica suspira y mira a Beba sin saber qué decir.
Beba- A ver, supongamos que hacés tu viaje, que te doy permiso. Que te vas. ¿Adónde irías?
Florentina- Empezaría por seguir las vías hasta la playa. Y después vuelvo por el mismo camino. Despliega el mapa ¿Ves? Acá está todo marcado.
Beba- Si, ya conozco el mapa.
Angélica se acerca a mirar.
Florentina- Está todo previsto. Tomo el tren que sale a las 5...
Angélica- Gloria, ¿qué vamos a hacer?
Beba- No se
Pipi- ¿Y el Catalejos?
Beba- (Solemne) Angélica, esta es tu decisión.
Angélica- Veo que no tengo otra alternativa. (Pausa. A Gloria.) Hija, ¿lo traerías? Está en la cajita sobre mi cómoda. (Gloria sale.) Florentina, este es un momento trascendental en tu vida. Vas a ser la guardiana oficial del objeto más preciado de tu abuelo (Entra Gloria con el Catalejo. ) Que el Catalejos te guíe y te proteja. Y que te traiga de vuelta. (Se lo entrega.)
Florentina- (A tono.) ¿Entonces puedo? ¿Me puedo ir? (Toma el catalejo y lo abraza.) ¡Gracias!
Pipi- (Abrazándola.) Te quiero, hermanita.
Florentina- Yo también las quiero. (Se abrazan las cuatro.)
Entran Cosme y Ricardo.
Ricardo- ¡Eh! ¿De qué nos perdimos?
Angélica- (Separándose del grupo. A Florentina) Bueno, bueno, ahora guardalo bien.
Florentina- Si, abu Sale. Pipi la sigue.
Beba- (A Ricardo) Florentina se va de viaje.
Se vuelven a reunir alrededor de la mesa. Angélica prepara un té. Gloria les explica lo que pasó a Ricardo y Cosme mientras va bajando la luz hasta quedar la escena en penumbras.
De pronto se enciende la luz de un tren.
18. VÍAS Galileo prepara su mono. Dobla cuidadosamente las dos frazadas y se las ata en la espalda.
Guarda su cuaderno verde y dos libros en un morral y se lo cruza por encima.
Agarra su catalejo, lo coloca en el estuche y se lo cuelga en el mismo sentido que el morral.
Observa hacia atrás.
Comienza a caminar. Se escucha la sirena del tren | TERMINAL Florentina se coloca la mochila de mochilera en la espalda.
Guarda el cuaderno verde y dos libros en un morral y se lo cruza por encima.
Agarra el catalejo con mucho cuidado, lo coloca en el estuche y se lo cuelga en el mismo sentido que el morral.
Atrás quedan Angélica, Beba, Pipi, Ricardo y Cosme. Saludan.
Comienza a caminar. Se escucha la sirena del tren
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FIN
Fernanda Marino nace el 7 de julio de 1971 en Tandil. Estudia Teatro en la Facultad de Arte de la UNICEN, Tandil y en la Escuela Superior de Bellas Artes Manuel Belgrano, Neuquén donde resulta becaria del INT por mejor promedio para culminar los estudios de las carreras de Actriz y Profesorado de Arte Dramático. Año 2014.
Desde el año 2015 se forma en dramaturgia a través de talleres on-line, actualmente cursa la Especialización en Dramaturgia de la Universidad Nacional de las Artes (UNA)
En 2020 su obra “Palabras que no dijimos” es ganadora del concurso “Nuestro Teatro” del Teatro Nacional Cervantes en cogestión con el INT y actualmente forma parte de su cartelera on-line en formato audiovisual. Y de la plataforma INTeractuar en representación de la Región Patagonia, ciudad de Neuquén. interactuar.gob.ar
En 2021 resulta becaria del Fondo nacional de las Artes, en su línea de Becas Creación para la realización de tres obras cuyo tema eje es la labor manual que realizamos las mujeres “Manos de Mujeres”.
En 2021 es becaria del INT en su línea Concurso Nacional de Experiencias de Creación Escénica (en formatos tradicionales, alternativos, innovadores, híbridos, disruptivos, etc.) para realizar un espectáculo teatral a partir de la investigación del rol de las mujeres en la cultura neuquina a partir de su fundación hasta nuestros días. Nuestras voces.
En 2026 su libro Manos de Mujeres, Teatro desde el sur, (2025) Distopía ediciones; forma parte de la Biblioteca de Dramaturgias de Provincias de la Facultad de Arte de la UNICEN, Tandil.
El Peldaño- Cuaderno de Teatrología N° 26. Período Julio-Diciembre, 2026. Julio 2026.
[1] Para citación de este artículo: Marino, Fernanda. (2026). El catalejo. El Peldaño–Cuaderno de Teatrología. Julio-Diciembre 2026, n26, 145-191.
https://www.ojs.arte.unicen.edu.ar/index.php/elpeldano/article/view/1578 Sección:Dramaturgia. Recepción:26/03/2026. Aceptación final: 16/06 /2026.
[2] Obra seleccionada por la Biblioteca de Dramaturgias de Provincias - Documenta Dramáticas, perteneciente al núcleo de investigación Centro de Investigaciones Dramáticas (CID), Facultad de Arte, UNICEN.
[3] Artista independiente. Becaria INT. Mar del Plata. Provincia de Buenos Aires. Argentina.
[4] Para más información: https://fernandamarino.com/obras-estrenadas/